Más allá del culto del crecimiento: una evaluación
plural de los factores de riqueza para construir
un modelo de desarrollo solidario y sostenible
La economía solidaria está dejando
atrás la fase de buscar alternativas
localizadas y sectorializadas que satisfagan
una insuficiencia del sistema económico
dominante para pasar a la fase en que la economía
se vive de otra manera y sitúa al ser
humano en el centro de todo. Por esta razón
la Alianza se ha propuesto hablar de socioeconomía
solidaria.
La socioeconomía solidaria se destaca
por su enfoque alternativo con respecto a
los servicios (para personas, ciudadanos,
familias, ancianos, jóvenes, etc,…),
la financiación y el ahorro (microfinanzas,
finanzas solidarias), distribución
(comercio justo, consumo ético), producción
(sostenible y limpia), intercambio (monedas
locales y sociales, sistemas de intercambios
locales), nuevas relaciones entre el Estado
y la sociedad civil (contractualización,
convenios y acuerdos, delegación de
servicios,…). Sin embargo, al no existir
una visión común, aumentan los
riesgos de dispersión y banalización
de la socioeconomía solidaria, ya que
cada sector busca su lugar adoptando lógicas
de reajuste y adaptación al mercado
o al Estado.
No obstante, cabe preguntarse si los actores
y empresas de la economía solidaria
son realmente capaces de incluir sus actividades
en un proyecto de sociedad y proponer otro
modelo de desarrollo. Si es el caso, la valoración
necesaria del desempeño económico
y social de la socioeconomía solidaria
no debe pasar por alto las críticas
a la sociedad de mercado para la cual el desarrollo
se limita al crecimiento del PIB, donde la
sociedad de capitales es la única organización
económica legítima y donde el
mercado es el único principio eficaz
para producir, intercambiar y distribuir la
riqueza.
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